noviembre 06, 2006

Sadam con sabor a pólvora


Tenemos en la retina aquella escena en la que el juez le dice:
–Identifíquese,
y Sadam Hussein le contesta:
–Identifíquese usted, porque yo soy el Presidente de la República.
Nos pareció realmente escalofriante.
Porque eso sucedió después de que lo sacaran, barbado y canoso, de una madriguera, como una rata.
Escena de Sadam Hussein saliendo de ese hoyo, también espeluznante. Porque a su vez, había que compararla con la de Sadam Hussein caminando recto, con una camisa militar que le quedaba estrecha y se le notaba la abultada cintura, la fea güata.
Y también con esa de un sombrero negro de los años 40 del siglo pasado, y una escopeta en la mano, con un bigote sonriente.
Entonces ahora, después de encontrarlo culpable de una tenebrosa matanza, en esa misma sala de audiencias judiciales, el juez –creemos que otro juez– le dice:
–Póngase de pie para oír la sentencia,
y Sadam Hussein le contesta:
–No, gracias, prefiero oírla sentado,
y un guardia lo tironea del brazo y lo hace parar.
Entonces el juez le dice que lo encontraron culpable, y que su castigo por aquella matanza es, nada menos que la pena de muerte. Y añade:
–La sentencia se ejecutará en la horca,
y Sadam Hussein había pedido:
–Horca no, mejor fusílenme,
y el juez le repite:
–¡En la horca!
Entonces asociamos la horca con las películas de vaqueros.
En esas películas colgaban a los forajidos –esta es la palabra vaquera– y también National Geographic, en un especial de la evolución de la horca,
del nudo corredizo,
del piso que es una puerta hacia el vacío,
del tipo de madera,
de la palanca para moverle el piso al condenado,
y del verdugo que no se le indigesta el almuerzo, después de la ejecución.
De todo eso nos acordamos cuando supimos que, judicialmente, se quitará una vida.
Cualquier vida debería ser sagrada, creemos.
Que si Sadam Hussein cometió un delito, ¡condenarlo a prisión!, pero no a muerte. Y lo mismo creemos que debe hacerse con cualquier otro delincuente.
Todo este episodio, en todo caso, nos deja un sabor a pólvora. ¿Y a tí?

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